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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 
MATERIALES ADICIONALES 

II Trimestre de 2008 
"Jesús es maravilloso" 

Lección 2 

(5 al 12 de Abril de 2008) 

Jesucristo, ¿Dios? 



Dr. Miguel A. Nuñez 



En 1791, F. Volney y Ch. F. Dupuis lanzaron por primera vez la idea de que Jesús en 
realidad nunca existió, y que sólo fue fruto de la imaginación de algunos que lograron 
hacer su figura popular. Esta idea, con diversos matices, se sigue repitiendo en mu- 
chos círculos. Evidentemente, sin Jesús el cristianismo deja de ser relevante y se con- 
vierte en una religión sin fondo ni fundamento. 

La gran pregunta es: ¿Fue este carpintero el Hijo de Dios como él mismo aseveró? 
¿Qué importancia tiene que Jesucristo sea Dios? Estas preguntas, que podrían pare- 
cer fruto de mentes afiebradas, no lo son tanto, cuando entendemos que sin Jesucristo 
no hay cristianismo. La fe cristiana descansa sobre la figura de Jesús; lo sacamos a él 
del panorama y nos quedamos con un puñado de ritos y liturgias sin sentido. Como di- 
jo alguien: "Cristo es el centro del cristianismo; todo lo demás es circunferencia". 

Si tomamos los llamados "evangelios" como simples documentos históricos aun así 
podemos encontrar evidencias de quién fue Jesús y que realmente existió. 

La centralidad de Jesús en sí mismo 

Como lo ha hecho notar el teólogo inglés John Stott, lo primero que llama la atención 
en Jesús es la forma en que se presenta a sí mismo ante sus seguidores. Hablaba de 
Dios, lo que no es nuevo; muchos lo habían hecho antes que él; la diferencia es que él 
hablaba en nombre de Dios como su Hijo. No como otros se referían a Dios como pa- 
dre, sino Dios como su padre, en términos personales. Eso no tiene parangón en 
ningún otro iniciador de religiones. 

Cuando se refiere a la verdad, no dice: "Esto que digo es correcto o es bueno que lo 
aprendan"; simplemente dice: "Yo soy la verdad" (Juan 14:6). Nadie se había atrevido 
antes a decir una cosa tal. Y no fue en una ocasión; en diversos momentos repitió ar- 
gumentos semejantes, apropiándose de los símbolos y significados de la religión judía: 
"Yo Soy la luz", "Yo Soy el pan de vida", "Yo Soy la resurrección y la vida", "Yo Soy el 
camino". Dio un paso más cuando aplicó a sí mismo las profecías mesiánicas del Anti- 
guo Testamento; no esperó a que otro lo hiciera por él. Seguramente más de algún 
judío conocedor de las Escrituras se debe de haber alarmado cuando le escuchó atri- 

Wolfgang Trilling, Jesús y los problemas de su historicidad. Barcelona: Editorial Herder. 1970. p. 15. 
John R. W. Stott. Cristianismo básico. Buenos Aires: Ediciones Certeza. 1980. p. 27. 



buirse las palabras de Isaías 61 :1 y 2. Luego de leer, simplemente dijo: "Hoy mismo se 
ha cumplido esta Escritura delante de ustedes" (Lucas 4:21). En otras palabras, "Isaías 
estaba escribiendo de mí". 

Con referencia a estas palabras de Jesús, el genial C. S. Lewis alguna vez declaró que 
cuando alguien dice ser Dios, se puede decir de él que es loco, mentiroso o es exac- 
tamente lo que dice ser. En este contexto, "es absurdo profesar admiración por Jesús 
como un gran maestro moral y negar su pretensión de ser Dios. Porque él es lo que 
pretende ser, o es un mentiroso o un lunático". ^ 

En verdad hay muchos lunáticos que se creen Dios; basta ir a un hospital siquiátrico 
para ver a algunos. A veces ni es necesario ir a un hospicio. Pero, vivir como tal y ser 
coherente con el discurso es otra cosa. 

Características que avalan a Jesús como Dios 

En primer lugar, Jesucristo asumió la prerrogativa de perdonar pecados. Siempre 
alentó esperanza de perdón en quienes se contactaron con él. En más de una ocasión 
antes de ofrecer santidad física, entregó santidad del alma. Y lo más extraordinario es 
que quienes recibieron su perdón entendieron claramente que lo recibían directamente 
de Dios mismo. 

En segundo término, Jesús no sólo participó en la resurrección de algunas personas, 
como por ejemplo la hija de Jairo o el hijo de la viuda de Naín; también pretendió ser la 
vida. No tener la vida ni dar vida, sino ser la vida. Lo que ontológicamente es una dife- 
rencia radical con cualquier pretensión similar en ese sentido. 

A continuación, el carpintero de Nazaret, hijo de José, no sólo enseñó verdades; él dijo 
ser la verdad. En el contexto de la mentalidad judía eso debe haber sonado como una 
blasfemia mayor. Sin embargo, era tal la pretensión de Jesús que no lo atacaron direc- 
tamente; simplemente admirados se preguntaban cómo podía tener sabiduría, aten- 
diendo a su nacimiento modesto (Marcos 6:3) y reconocieron, muy a su pesar, que na- 
die antes había hablado como él (Juan 7:15). 

Otro hecho que llama la atención es que Jesús no habló del juicio que venía en térmi- 
nos impersonales, al estilo de un maestro religioso cualquiera; sostuvo, sin que queda- 
ra ninguna duda, que el juicio sería dirigido por él. Él mismo sería el juez. Tal vez hoy 
no nos parezca esta declaración tan sorprendente, pero cuando fue pronunciada por 
los labios del Señor suponía una revolución en la forma de enfocar la realidad espiri- 
tual. Lo estaban viendo; era de carne y hueso, ¿cómo podía decir que él sería el juez 
de todo el mundo? 

Lo que hizo es su mejor aval 

A través de la historia humana muchos han surgido creyéndose dioses o semidioses. 
Por las más diversas razones, algunas personas les han creído. A través de la historia 
hombres y mujeres han sido arrastrados a prácticas de todo tipo, y han seguido tras 
gurúes o iluminados que han pretendido ser más de lo que sus posibilidades humanas 



Citado por IWark Finley y David B. Smith. Descubrir a Jesús. Buenos Aires: AGES. 1993. p. 34. 



les permitían. Aquí tenemos a Jesús de Nazaret: dice ser Hijo de Dios, el que viene a 
revelar a Dios, aquel que ha venido desde Dios, aunque sus contemporáneos saben 
que nació en Belén y creció en Nazaret. Conocen sus manos de trabajo y saben con 
certeza que es un ser humano. ¿Y? ¿De todos modos hubo un grupo que estuvo dis- 
puesto a seguirlo hasta las últimas consecuencias? ¿Sufrían todos de locura temporal? 
¿Poseía Jesucristo dotes de taumaturgo o hipnotizador para engañar a tanta gente? 

Hizo lo que nadie nunca ha hecho. Los milagros efectuados a través de su ministerio 
fueron el aval de sus dichos. Sus palabras fueron corroboradas por su conducta. Su 
conducta fue el fiel testimonio de una vida dedicada a vivir un solo ideal. Servir y traer 
salvación a la humanidad. 

Esto no es asunto de evidencias empíricas. Todo lo que está escrito tiene una consis- 
tencia y una lógica tan real que es difícil creer de buenas a primera que todo es fruto 
de la imaginación. "No podemos considerar a Jesús como meramente un gran maestro 
si estaba equivocado en uno de los puntos capitales de su enseñanza: la enseñanza 
acerca de sí mismo". 

Juzgue usted, apreciado lector: ¿Algún enajenado se atrevería a decir que es Dios y a 
vivir del modo en que lo hizo Jesús? ¿No es acaso su carácter y personalidad su mejor 
aval de divinidad? Jesucristo vivió lo que dijo. Su máxima expresión de credibilidad es 
que todo lo que afirmó se cumplió, incluyendo su propia muerte y resurrección. 



Dr. Miguel Ángel Nuñez ^ 
Profesor de Teología 
Universidad Adv. del Plata 
Universidad Adv. Peruana Unión 




Extraído de http://www.enfoqueonline.com (sitio ya desaparecido) 

Compilación: Rolando D. Chuquimia 

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